Leila Gómez got her Ph.D. at Johns Hopkins University. She is Assistant Professor at the University of Colorado at Boulder. Her research areas are 19th- and 20th-Century Latin American Literature and Culture, with emphasis on the Andes and the Southern Cone.
|
How to cite this review: Gómez, Leila. "Margarita Zamora, Language, Authority, and Indigenous History in the Comentarios Reales de los Incas. New York: Cambridge University Press, 2005". Dissidences. Hispanic Journal of Theory and Criticism. On line. Internet: 15/09/06 (http://www.dissidences/ ReviewZamoraGarcilaso. html)
|
"Para Zamora, Garcilaso se propone asimismo, a partir de ciertas estrategias retóricas compartidas con Moro en su segundo libro, despertar una conciencia lectora crítica que contraste los vicios de la sociedad europea con la sociedad utópica creada por el Inca. Para Zamora, Garcilaso lograría situar espacial y temporalmente el “no lugar” de la utopía en el Tahuantinsuyu"
|
Margarita Zamora Language, Authority, and Indigenous History in the Comentarios Reales de los Inca New York: Cambridge University Press, 2005
|
n
Margarita Zamora termina el epílogo de su libro sobre los Comentarios reales de Garcilaso
de la Vega Inca haciendo alusión a la afirmación de Jonathan Culler acerca de que la fuerza
de un texto deriva de su posición estratégica en los discursos de una cultura. El estudio de
Zamora, que edita por segunda vez Cambridge, es justamente el de la articulación de los
Comentarios reales en la tradición humanística occidental y la demostración de que esta
hábil articulación discursiva le ha garantizado a Garcilaso de la Vega Inca ser una de las
pocas voces autorizadas en la representación de la América indígena para el mundo
occidental posterior a la Conquista. En el capítulo introductorio, Zamora señala que
Garcilaso, inspirado en el ideal renacentista de la concordia, busca la reconciliación de
opuestos (lo español y lo inca) y la correcta interpretación de la cultura e historia del incario
para la que él servirá de intérprete o mediador para el mundo occidental. En la
argumentación de la autora, Garcilaso llevará adelante esta tarea a través de la exégesis
filológica del quechua y los modelos discursivos e ideológicos disponibles en la época para
facilitar una traducción conciliatoria entre los dos universos culturales, como el género
clásico de los comentarios, la utopía y una concepción providencialista de la historia. No es
el objetivo del libro considerar las falacias de esta "sutura" conciliatoria –como la llamara
Antonio Cornejo Polar– ni los problemas teóricos e ideológicos que el papel del mediador o
traductor presentara en la representación de las sociedades latinoamericanas o en la
producción de un conocimiento local, estudiados sí posteriormente por Walter Mignolo, el
mencionado Cornejo Polar, Sara Castro-Klarén y Rolena Adorno, entre otros. No obstante, el
análisis de Zamora, principalmente textual e histórico, es en gran medida necesario y de
referencia obligada para estudiosos y especialistas.
En el segundo capítulo, “Language and History: Renaissance humanism and the philologic
tradiction”, la autora examina la sistematicidad adquirida por la filología en el Renacimiento,
sobre todo en cuanto al estudio de los textos bíblicos. Para acceder a la verdad textual o
divina, los filólogos renacentistas tenían que encontrar el significado “original” de los textos
a través del estudio de los mismos en su lengua original (el hebreo o el griego) y desandar la
corrupción del latín en las traducciones de la Biblia vulgata. La autora examina a modo de
ejemplo los objetivos y metodologías filológicas de Lorenzo Valla, Desiderio Erasmo, Antonio
de Nebrija y fray Luis de León y el modo en que la tarea de estos gramáticos no fue siempre
percibida con el beneplácito inquisitorial. Zamora señala que “language provided the
humanist access to the historical past and philology was that science of language which
made the recovery of the past in authentic form possible” (16). En esta recuperación de un
pasado histórico inca auténtico se embarca Garcilaso a través del estudio filológico del
quechua como “lengua original”. La autora toma nota de las explicaciones de las
peculiaridades semánticas y gramaticales de la lengua de los Incas, el uso, la exégesis y la
traducción de la terminología quechua implementados por Garcilaso como formas
autorizadas de alcanzar una interpretación más apropiada y “verdadera” de la historia inca
en el contexto renacentista.
En el tercer capítulo, “Language and History in the Comentarios reales”, Zamora analiza y
compara la tarea de Garcilaso con la de los filólogos estudiados en el capítulo anterior. La
crítica analiza la construcción de Garcilaso como autoridad textual gracias a su habilidad
lingüística del quechua y a su relación con los testigos del imperio inca: el tío de Garcilaso,
amigos y parientes. En la relación –entendida como documento legal en el sistema judicial
de la corona española–, el papel del testigo ocular se volvió predominante. No obstante, la
autoridad de Garcilaso no reside para Zamora en su tarea de testigo sino en la de mediador
e intérprete de las narraciones orales de sus antepasados, función intermediaria similar a la
que representara en la Florida del Inca. Garcilaso construye así su figura como la de
amanuense o traductor veraz de sus fuentes orales. La autora señala que el verdadero
desafío de Garcilaso a la tradición occidental discursiva estuvo en haber incorporado y dado
estatuto de verdad historiográfica a fuentes no escritas. Se vuelve interesante notar aquí que
la autora no repara en otras fuentes alternativas en las que se apoya Garcilaso, como los
quipus andinos (que lee para él su tío), y el desafío que estas tecnologías alternativas
presentan a la concepción de la escritura como forma privilegiada de conservación de la
memoria en las sociedades occidentales.
En el cuarto capítulo, “Philology, translation, and hermeneutics in the Comentarios reales”,
la autora analiza el modo en que la filología funciona dando forma a la narración de la
historia inca. Zamora examina la cuidadosa selección y traducción de los términos quechuas
que realiza Garcilaso con el fin de mostrar cómo los conquistadores y cronistas españoles no
comprendieron la historia, religión y cultura inca por su desconocimiento de la lengua. Entre
los variados términos en los que repara Zamora –como ‘Perú’, ‘Lima’ o ‘huaca’– sobresale la
explicación del significado de ‘Pachacamac’ y su relación con el monoteísmo inca. Cita
Zamora a Garcilaso: “es nombre compuesto de Pacha, que es mundo universo, y de Camac,
participio presente del verbo cama que es animar, el cual verbo se deduze del nombre cama
que es ánima. Pachacamac quiere dezir el que da ánima al mundo universo, y en toda su
propia significación quiere dezir el que haze con el universo lo que el ánima con el cuerpo”
(76). La explicación de este término es fundamental en la argumentación de Garcilaso sobre
el monoteísmo de los Incas. Cita Zamora de los Comentarios reales: “Pues si a mí, que soy
indio cristiano católico, por la infinita misericordia, me preguntasen ahora cómo se llama
Dios en tu lengua? Diría Pachacamac” (77). De esta manera y en virtud de la perfecta
complementariedad existente entre signo y referente en el Renacimiento, Garcilaso lleva
adelante una corrección historiográfica y hermenéutica del saber occidental sobre la religión
del incario.
El quinto capítulo “Contexts and intertexts: the discourse on the nature of the American
indian and the Comentarios reales”, sitúa a Garcilaso en el diálogo con los más prominentes
teólogos y literatos del debate sobre la humanidad (raciocinio) de los indígenas. Zamora lee
la división histórica entre el mundo preínca e inca que realiza Garcilaso a la luz del diálogo
intertextual con Francisco de Vitoria, Bartolomé de Las Casas, Juan Ginés de Sepúlveda y
José de Acosta. Para Zamora, Garcilaso parece coincidir con Sepúlveda en cuanto a la
barbarie como justificación de la esclavitud y la guerra santa contra los indígenas en el
período preínca. La historia inca merece para Garcilaso otra consideración y una explicación
providencialista no profundizada por sus antecesores. Zamora sostiene que en la visión de
Garcilaso el incario y Manco Cápac constituyen una preparatio evangélica para la llegada de
los españoles y la fe cristiana debido a "the near perfection of Inca institutions" (114). El
culto a Pachacamac como divinidad superior analizada en el capítulo anterior sería uno de
los principales argumentos de los que se valdría Garcilaso. Con su preparatio evangelica, el
autor se acercaría a la concepción lascasiana del “bárbaro relativo” y rechazaría la
condenación de todo culto pagano como obra del demonio que sostenía Acosta.
En el sexto capítulo, “Nowhere is somewhere: the Comentarios reales and the Utopian
model”, Zamora argumenta que el modelo sociopolítico de la utopía era el único disponible
al final del siglo XVI para presentar a las sociedades paganas contemporáneas en una luz
favorable. La utopía actuaría entonces como un término “mediador”, habilitador de la
traducción conciliatoria de Garcilaso. Así, dice Zamora: “Utopian discourse is an essential
component for his hermeneutical strategy in the Comentarios as he strives to render a
complex an alien culture intelligible and acceptable to a Christian European audience”
(131). Zamora repasa las características utópicas del Incario que retrata Garcilaso: la razón
como eje vertebrador de la comunidad, la ausencia de propiedad privada, el trabajo de las
“casi” tierras comunales (recordemos que el Inca era el único dueño de la tierra), el
monoteísmo como preparación del advenimiento del cristianismo y la presencia de un
individuo civilizador que erradicara el barbarismo, como Utopus en el libro de Moro o
Manco Cápac en los Comentarios reales. Para Zamora, Garcilaso se propone asimismo, a
partir de ciertas estrategias retóricas compartidas con Moro en su segundo libro, despertar
una conciencia lectora crítica que contraste los vicios de la sociedad europea con la sociedad
utópica creada por el Inca. Para Zamora, Garcilaso lograría situar espacial y temporalmente
el “no lugar” de la utopía en el Tahuantinsuyu.
El libro de Zamora presenta la estructura de una pirámide invertida en la que cada capítulo
se apoya y expande sobre la información presentada y analizada en los capítulos anteriores.
Se trata de una obra de una coherencia monumental, de gran seriedad académica en el
estudio del contexto filológico renacentista y de un inteligente análisis de las estrategias
discursivas del autor de los Comentarios reales en su contexto. Zamora nos explica de
manera persuasiva la acertada inclusión de la obra de un mestizo al canon occidental. ¿Los
excluidos? Son tema de otro libro aunque de la misma historia.
(Leila Gómez, University of Colorado at Boulder)
|
reviews / reseñas