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Silvia Arroyo is a
graduate student in the
Department of Spanish
and Portuguese at the
University of Colorado at
Boulder. She specializes
in Golden Century studies
with an emphasis on the
scientific discourses of
the Renaissance.

How to cite this review:
Arroyo, Silvia .
"Montaner Frutos,
Alberto y Alfonso Boix
Jovaní.  
Guerra en Šarq Al’
andalus: Las batallas
cidianas de Morella (1084) y
Cuarte (1094)
. Zaragoza:
Instituto de Estudios
Islámicos y del Oriente
Próximo, 2005. 345 pp".  
Dissidences.
Hispanic Journal of Theory
and Criticism
.
On line. Internet:
04/29/07
(http://www.dissidences/
ReviewFrutos.html)
"En última
instancia,
Montaner Frutos
hace referencia a las
consecuencias
históricas y literarias
de la victoria de
Cuarte que, por un
lado, frenó el avance
almorávide en el
oriente peninsular
y que, por otro,
consolidó el carácter
ejemplar de la figura de
Rodrigo Díaz de
Vivar,
inmortalizándolo
para la
literatura."
Montaner Frutos, Alberto y Alfonso Boix Jovaní
Guerra en Šarq Al’andalus:
Las batallas cidianas de Morella (1084) y Cuarte (1094)
Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2005.
D
n
Tal y como su título indica, Guerra en Šarq Al’andalus propone una revisión del material
escrito existente en referencia a dos acontecimientos bélicos dentro de la biografía cidiana.
El estudio se divide en dos partes. La primera, elaborada por Alfonso Boix Jovaní, se centra
en la batalla de Morella (1084) e indaga en la posible localización de la fortaleza de
Alolala,
desde la cual el Cid, a instancias de Almu’taman, señor de Zaragoza, había de controlar la
zona sur de la taifa de Lérida y Tortosa, controlada por su hermano Almundir, con el que se
encontraba en guerra desde la muerte del padre de ambos, Almuqtadir, y de la división de
sus dominios en 1082; una división que había dejado a Zaragoza sin salida al mar. Después
de ser desterrado de Castilla por Alfonso VI, el Cid se pone al servicio de Almu’taman, quien
iniciaría una serie de campañas de castigo sobre los dominios de su hermano. El Cid realizó
dos campañas importantes en el territorio de la taifa de Lérida-Tortosa: una cerca de Lérida,
hacia 1082, que terminó con la batalla de Almenar y otra en tierras castellonenses, en 1084,
contra Morella. Tras invadir y saquear los territorios de Els Ports y dirigirse contra la
fortaleza de Morella, el Cid recibe la orden de reconstruir un castillo derruido que, en la
Historia Roderici, es nombrado “Alolala”. Debido al hecho de que en el zona de Els Ports no
existe un topónimo que se asemeje a la forma “Alolala”, la localización de esta fortaleza ha
sido objeto de numerosas teorías, sobre todo a partir del siglo XIX, que han propuesto
lugares como Alcalá de Xivert (según Malo de Molina) y Olocau del Rey (según Menéndez
Pidal, secundado posteriormente por el propio Montaner y por Martínez Díez). Como
alternativa a estas teorías de localización, Boix Jovaní defiende en su estudio que la
enigmática
Alolala pudo hallarse en las inmediaciones de la actual Pobleta d’Alcolea, al
norte de Morella y en la frontera con Aragón. Boix Jovaní convence al lector esgrimiendo
argumentos filológicos y, sobre todo, estratégicos: según el autor, esta localización tiene más
sentido estratégicamente, ya que era el lugar idóneo para controlar las vías de comunicación
de la época (la Vía Augusta y la ruta musulmana Morella-El Forcall-Zorita) y obstruir el
abastecimiento entre Almundir y su aliado, el rey Sancho de Aragón. A partir de aquí, Boix
Jovaní se concentra en la batalla, tal y como es descrita en la
Historia Roderici, para verificar
su teoría a partir de las pistas que ofrece la narración. Más adelante, el autor consigna su
propio estudio de campo sobre el terreno de la Pobleta d’Alcolea, concluyendo, a partir de
las ruinas de edificios militares diseminados por los alrededores de la Pobleta, que pudo
existir un cinturón de hasta tres fortalezas en la zona de Els Ports (la propia Morella, la de
Torre Miró, y la de la Pobleta d’Alcolea) con un alto valor estratégico para los intereses de
Almu’taman que, con el aseguramiento de la Pobleta d’Alcolea, podía dirigir desde allí una
campaña militar contra su hermano. De acuerdo con Boix Jovaní, “más allá del problema
específico de localizar un determinado yacimiento [arqueológico], lo verdaderamente
importante de fijar una correspondencia geográfica concreta reside en el hecho de que
arroja nueva luz sobre el sentido de la campaña realizada por el Campeador” (94) que,
según el autor, no era una mera expedición de hostigamiento, sino un movimiento militar
destinado a asegurar un puesto con valor estratégico para controlar Els Ports y, a medio
plazo, ganar la salida al mar para la taifa zaragocí de Almu’taman.

En la segunda parte del libro, bajo el epígrafe general de “La batalla de Cuarte (1094). Una
victoria del Cid sobre los almorávides en la historia y en la poesía”, considerablemente más
extensa que la primera, Alberto Montaner Frutos realiza un riguroso análisis de las
circunstancias de la batalla de Cuarte, librada entre el Cid y las tropas almorávides y
andalusíes enviadas para recuperar Valencia en el otoño de 1094. El autor maneja un
considerable número de fuentes, de las cuales, son las más importantes:
la Historia Roderici;
la cuarta parte de la
Albayān almuġrīb del historiador marroquí Ibn ‘Idārī Almarrākušī, en la
que se ofrecen dos versiones bastante dispares del suceso; el
Cantar de mio Cid, donde se
refunden dos incursiones musulmanas distintas, la de Cuarte, organizada por Yūsuf b.
Tāšufīn (i.e. “Yúcef”), y la incursión fallida de Abū Bakr (i.e. “Bucar”) en 1093; la Versión
crítica de
la Estoria de España; la estoria del Cid de la Versión sanchina; la Crónica de
Castilla
. A partir de la información ofrecida por estas fuentes, Montaner Frutos reconstruye
las motivaciones y la secuencia cronológica del enfrentamiento, así como las características
del ejército sitiador (sus posibles dimensiones y su heterogeneidad). Más adelante, el
estudio desarrolla la batalla de Cuarte en dos fases: un primer momento de “establecimiento
del asedio” (capítulo II. 7) y de “cerco y resistencia” (capítulo II. 8) en el que se describe la
ruta recorrida por el ejército almorávide-andalusí hasta Valencia y su posicionamiento
alrededor del casco urbano, así como las medidas de precaución adoptadas por un Cid
asediado para evitar la constitución de un ejército musulmán dentro de la propia ciudad a
favor de los asediadores y para minar la moral de las fuerzas almorávides-andalusíes. Entre
estas medidas, Montaner Frutos destaca la puesta en práctica de una “guerra psicológica”,
basada en la difusión de rumores acerca de la inminente llegada de tropas de socorro desde
Castilla y que, de acuerdo con el autor, resultó decisiva para la victoria del Cid porque
aceleró el debilitamiento de la difícil unidad y compenetración de unas heterogéneas tropas
musulmanas. La segunda fase de la batalla consistió en la salida nocturna de tropas cidianas
y su posicionamiento detrás del ejército sitiador aprovechando un hueco en las líneas de los
enemigos, desarrollando una “maniobra envolvente” que permitió atacar por sorpresa la
zaga sin defensa de unos sitiadores que se aprestaban hacia la ciudad. Según Montaner
Frutos, el objetivo de esta maniobra (eventualmente alcanzado por el Cid) fue, no tanto crear
una “pinza”, sino hacer creer la llegada de las tropas de auxilio y hacer cundir el pánico
entre los sitiadores.

Los últimos capítulos del estudio de Montaner Frutos evalúan las diferentes fuentes y
plantean la existencia de dos circuitos de filiación de las mismas: uno proveniente de los
relatos de testigos presenciales musulmanes, recogidos por Ibn ‘Idārī de Ibn ‘Alqamah y de
Ibn Alfarağ, y del que participaría un borrador alfonsí perdido utilizado para la elaboración
de la
estoria del Cid contenida en la Versión sanchina de la Estoria de España; otro
proveniente de los testimonios presenciales cristianos, desarrollados por una tradición oral
que informaría a la
Historia Roderici y al Cantar de mio Cid, y que, en última instancia,
también serviría para la elaboración de los borradores de la
Estoria de España alfonsí y la
estoria del Cid. Estos dos circuitos dan cuenta de las dos posiciones frente a la batalla de
Cuarte: la de los que, “odiando más o menos a los cristianos, advertían en los almorávides
una seria amenaza para la sociedad y la cultura andalusí” (223-24) y la de los que
“consideraban su actuación como la única fórmula de supervivencia para el islam andalusí”,
y “la pureza de la fe, frente al laxismo imperante en la sociedad taifal” (224). En última
instancia, Montaner Frutos hace referencia a las consecuencias históricas y literarias de la
victoria de Cuarte que, por un lado, frenó el avance almorávide en el oriente peninsular y
que, por otro, consolidó el carácter ejemplar de la figura de Rodrigo Díaz de Vivar,
inmortalizándolo para la literatura.

Asimismo, el libro contiene dos apéndices. En el primero se ofrece la trascripción de los
pasajes sobre la batalla de Cuarte de las fuentes utilizadas para el estudio. En el segundo, de
carácter más ecléctico, se discuten algunos aspectos histórico-filológicos muy concretos de
interés, contrastando las fuentes (i.e. “La fecha exacta de la rendición de Valencia” [285-87],
“Datación de la toma de Naval y Salinas” [287-91], “Sobre las traducciones de fāris
‘caballero’ y
murtaziq ‘mercenario’” [291-96], etc.).

En suma, su esfuerzo de comprehensión de fuentes es el aspecto más llamativo del trabajo
de Montaner Frutos y Boix Jovaní. Por su metodología y su minuciosidad, Guerra en
Šarq
Al’andalus
es una herramienta útil para el estudio de los textos de la tradición cidiana al
ofrecer un amplio mapa de las fuentes escritas. De hecho, la presencia de los apéndices (en
especial el primero) hace de este trabajo una pieza interesante para el estudio literario, ya
que se incluyen transcripciones de textos en árabe que raramente han sido contemplados
por la crítica.
(Silvia Arroyo,
University of Colorado at Boulder)
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