Gracias, Edgar Illas, por hacerme sentir acompañado en una idea que una vez tuve y a muchos ha chocado, por creerla fruto de una actitud mía contraria a las lenguas minoritarias. Reproduzco el texto de pie de un grabado de Castelao, Una niña conversa con un anciano. La niña: "¿Por que no habla castellano, señor Pedro?". El anciano: "Ay, neninha, en galego nunca s'escrebiron os recibos das contribucions".
En efecto: si la lengua que se dice "viva" se pone al servicio del Poder --que, como sabe Agustín García Calvo, es Muerte-- se indiferencia en esa Muerte de cualquier otra lengua. La Ley escrita en castellano es idéntica a la Ley escrita en gallego o en catalán. La propuesta de Illas de hablar contra la muerte, frente a la muerte, y no desde la muerte, es escandalosa, temeraria, quijotesca... pero es que, si no, para dejar vivas a las lenguas habremos de matarlas. Quien no me crea, que vea simplemente la lengua castellana, tal como se emplea en, digamos, una póliza de seguros, o el discurso de un político, y que me diga si merecía la pena salvar el castellano para eso, o si, por el contrario, habría que aceptar con júbilo el estatus del que hablaba Darío ("¿Tantos millones de hombres hablaremos ingles?").
______
DISSIDEnCES Hispanic Journal of Theory and Criticism