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How to cite this review:
Guadaño, Luis.
"Maestro, Jesús G.
La academia contra
Babel: postulados
fundamentales del
materialismo filosófico
como teoría literaria
contemporánea
Pontevedra: Mirabel,
2006".
Dissidences.
Hispanic Journal
of Theory and Criticism
.
On line. Internet:
05/20/10
(http://www.dissidences/
6ReviewMaestroCueto.html)
Maestro, Jesús G.
La academia contra Babel: postulados fundamentales del
materialismo filosófico como teoría literaria contemporánea
Pontevedra: Mirabel, 2006
D
n
Intentar  presentar de una manera clara y concisa los postulados fundamentales de un
sistema filosófico tan extenso como el Materialismo Filosófico, concebido por Gustavo
Bueno hace más de 30 años y aún en evolución y desarrollo, no es tarea fácil. Si a ello le
sumamos que, además de la utilización de la terminología propia de dicho sistema, la
aplicación a un espacio tan heterogéneo como el de la teoría literaria, la cuestión se vuelve
mucho más compleja. Sin embargo, en poco más de cien páginas,
La Academia contra
Babel
. Postulados fundamentales del materialismo filosófico como teoría literaria
contemporánea cumple estos dos objetivos al exponer, de manera rigurosa y organizada,
los postulados esenciales en los que se apoya el Materialismo Filosófico y demostrar las
ventajas que aporta una teoría de la literatura basada en ellos para avanzar en el
conocimiento de los diversos materiales de la literatura. Esta diferente perspectiva, que la
separa del resto de las teorías literarias de la posmodernidad, aparece de manera implícita
en el título del opúsculo. “La Academia contra Babel” establece el contraste metodológico
existente entre el saber racional y científico sobre el que se asienta el Materialismo
Filosófico, heredero de la academia  platónica,  y las teorías literarias contemporáneas,
fundamentadas en el irracionalismo y el idealismo, y continuadoras la tradición sofística
(9-10). De ello se deduce que el interés de Jesús Maestro se centra en postular, desde la
perspectiva del sistema filosófico, las condiciones que debe de cumplir cualquier teoría en
general, y de la literatura en particular, para poder ser considerada una verdadera teoría
científica.

Maestro divide su ensayo en cuatro secciones organizadas de acuerdo al circularismo
gnoseológico (53-54)  utilizado por el Materialismo Filosófico como herramienta. Quizás
ésta pueda ser considerada como la clave para entender la obra, puesto que a través de ella
se exponen dos de los elementos que oponen al sistema de manera directa a las teorías
posmodernas: por un lado, la imposibilidad de separar la materia (los materiales de la
literatura) de la forma (la teoría) -aunque puedan disociarse- y, por otro, la existencia de
una multiplicidad de relaciones entre diferentes elementos que no siguen un orden lineal,
causal o temporal como Maestro expone en la última sección del tercer capítulo a través
de la noción de Symploké (86).

Tener presente esta estructura de la argumentación es importante puesto que el opúsculo,
comienza y casi termina con las mismas palabras “Todo conocimiento que de alguna
manera no contribuya al progreso del saber racional es un conocimiento inútil, falaz o
simplemente acrítico” (9, 97). Esta vuelta al inicio de la argumentación no implica ni una
falta de contenido ni tampoco de una conclusión. Al contrario,  lo que vamos a
experimentar a lo largo de este ensayo es una expansión y adaptación de los distintos
conceptos que aparecen en la introducción de manera implícita o explícita – tales como
teoría, texto, material literario, campo de investigación, objeto de interpretación, materia,
forma o sujeto operatorio.

A la relación materia/forma y la noción de symploké, hay que sumarle un tercero
elemento: la consideración de la persona que interpreta como un sujeto operatorio en vez
de cognoscente o, como establece en la introducción, no como homo sapiens –un hombre
que solamente sabe almacenar y clasificar información- sino como homo faber – un hombre
que vive y, a través de ese vivir que le relaciona con las cosas materiales que le rodean,
llega realmente a conocer, (20-21). Esta misma distinción la extiende a la teoría literaria y
aflora como una ofensiva contra las teorías posmodernas que recorre  también los
siguientes capítulos; dichas aproximaciones, que se corresponderían con el homo sapiens,
no pueden ser consideradas como teorías porque no cumplen los requisitos gnoseológicos
necesarios para serlo. Son meros discursos formales sin contenido compuestos por una
“rapsodia  dodecafónica de autores, citas, lecturas, obras nombres, hortalizas y otros
berenjenales que andan por ahí” (19).  Subsisten y perviven, no por el éxito que alcanzan en
la expansión del conocimiento, sino por adoptar formas políticamente correctas.  Además,
y para empeorar la situación, Maestro apunta que no existe un diálogo entre las distintas
teorías literarias posmodernas sino que cada una establece y delimita su propio espacio
con la pretensión de conseguir la hegemonía sobre el resto de las teorías existentes. Así, se
construye una Babel gracias a los falsos mitos del eclecticismo, la pluralidad y de la
supuesta actitud crítica que rodean a la teoría literaria actual (18-19).

Aquí es donde empieza a volverse realmente interesante el trabajo de Maestro puesto que
tras plantear esta situación, no va a recurrir a realizar una exposición del Materialismo
Filosófico como una teoría más sino que va a optar por presentarlo, rompiendo con ello la
falta de diálogo y comunicación que había criticado previamente, como una alternativa
contra las propuestas de otras teorías literarias (76-77). Va e demostrar que es la única que
cumple todos los requisitos, recurriendo al enfrentamiento y crítica de las diversas teorías
desde una postura racionalista, incluyendo la suya propia.

El primer paso, que comienza en el capítulo 2,  consiste en la crítica, entendida esta de
manera positiva como una criba, como “estructura lógica…como una operación de
clasificación, discriminación, análisis y comparación” sobre la que construir una
interpretación científica y dialéctica, de los modos de interpretación literaria que todavía se
utilizan en el S. XXI (34). Desde su punto de vista la Filología y su continuidad, el
Historicismo Decimonónico, no son opciones válidas porque, aunque sitúan al intérprete en
el mundo histórico, lo hacen de manera intemporal y separada del presente, al establecer y
basarse en una serie de ideas –tales como lengua, gramática o literatura-  a las que
considera eternas (24).  La separación del presente no se da en el caso de la Crítica
Impresionista o Literaria. Sin embargo, al depender ésta principalmente de las experiencias
personales, como en el caso de las críticas literarias que aparecen en los periódicos, no
posee el aparato crítico necesario que garantice la fiabilidad de sus juicios.  Algo parecido
ocurre también en el caso de las ideologías del intérprete vertidas sobre la literatura.

Al tener un sustrato ideológico, utilizan cosas y palabras desde una postura individual pero
que carece de carácter científico (30). Lo que hacen es utilizar la literatura - sin contar con
un concepto de lo que ésta pueda ser- para propugnar la justificación de una posición
moral o ideología particular. Así, transforman la historia de objeto de conocimiento a objeto
de la ideología mediante el concepto de memoria, reconstruyendo épocas pasadas mediante
la sustitución de los artefactos reales por la literatura (32).  Para separarse de la
intemporalidad  de la Filología y del Historicismo, Maestro deja clara la importancia que
tiene que una filosofía de corte materialista esté “inmersa en el presente” (33). Por otro lado,
su contenido dialéctico y crítico la separa tanto de la crítica literaria impresionista como de
las ideologías del intérprete puesto que usa “evidencias racionales concretas, materiales,
dadas por el presente” (34). Las diferencias se amplían porque el primero está basado en
cinco postulados–Racionalismo, Crítica, Dialéctica, ciencia y Symploké-  que contribuyen a
que el análisis que realiza pueda ser considerado como racionalista y científico, y no como
un juicio personal o una simple opinión, por muy instruida que ésta sea.

Aquí es donde Maestro situa la bisagra que le permite por un lado terminar de explicar el
fracaso cognoscitivo de las teorías posmodernas y, por otro, redefinir los elementos que
componen lo que denominamos “Ciencia” desde el punto de vista gnoseológico del
Materialismo Filosófico para que se ajusten a las condiciones de la Teoría Literaria. Para
ello, establece primeramente una diferencia entre Teoría Literaria y Crítica Literaria.
Mientras que la primera desarrolla y organiza los conceptos necesarios, la segunda
interpreta las ideas literarias al contrastar dialécticamente los conceptos teóricos con los  
materiales relacionados con las obras literarias.  Esta dependencia de la crítica en la teoría
tiene como resultado que la Teoría de la Literatura pueda ser clasificada como una ciencia o
un saber de primer grado al trabajar con conceptos, mientras que la Crítica Literaria
solamente pueda ser un saber de segundo grado por centrarse en las ideas.

De esta articulación se desprende que el método de interpretación literaria  propuesto en La
academia contra Babel es una gnoseología materialista articulada alrededor de la distinción
materia/forma. Maestro hace tres puntualizaciones relacionadas con la terminología
utilizada por el Materialismo Filosófico desde su teoría de la ciencia que evitan la caída en el
aislacionismo teórico de las teorías posmodernas: la sustitución del “objeto de una ciencia”
por la noción mucho más amplia de campo; la aclaración de que el material objeto de
estudio no es la Literatura como concepto sino los Materiales de la Literatura, es decir, las
obras literarias, formas, referentes, lenguas, autores, etc.; y en último lugar, que en el
espacio de la teoría literaria tienen cabida tanto todos aquellos materiales con los que la
interpretación literaria trabaja como aquellos que, aun no siendo necesariamente literarios,
sirven para organizar e interpretar los materiales de la literatura. Esto acaba por separar el
Materialismo Filosófico de las teorías posmodernas, que rechazan los materiales y conceptos
que contradigan o pongan en evidencia la validez de cada una de sus diferentes
aproximaciones (40).  

Centrándose en explicar y describir con más detalle esas diferencias, el capítulo tercero
expone los cinco postulados mencionados. Al hablar del racionalismo, profundiza en su
ataque a todas aquellas posturas que trabajan con ideas a priori  o que suspenden sine die el
juicio, como en el caso ya señalado de las ideologías del intérprete o de la crítica
impresionista, que sustituyen el texto literaria por lecturas ideológicas o personales. Sin
embargo, lo importante es que el Racionalismo posibilita la existencia del segundo
postulado, la Crítica, paso previo y necesario para poder llevar a cabo la interpretación
puesto que una de sus tareas es la de organizar los materiales que interpretamos según su
contenido de realidad.  En contraposición a las posturas que utilizan predicados
permanentes (identidad, memoria, o todos los “–ismos”) o entienden los Materiales
Literarios como objetos que no cambian, el Materialismo Filosófico postula que las obras
literarias viven un proceso de cambio debido a la evolución de los materiales que las
conforman a través del tiempo.  En este dinamismo se basa la Teoría del Cierre Categorial,
piedra angular del Materialismo Filosófico y única teoría de la ciencia que organiza los
sistemas proposicionales que permite adscribir un contenido de verdad a los materiales de la
literatura que contempla su proceso de cambio.

Tras negar la posibilidad crítica de la Doxografía (Filología), la ideología, la moral y la ética,
Maestro pasa a definir qué tipo de Dialéctica caracteriza el método crítico seguido por el
Materialismo Filosófico. Repasa las cuatro acepciones que tiene en filosofía, la de los filósofos
presocráticos; la del materialismo dialéctico marxista de G. Lukács y L. Goldmann; la
“retroalimentación negativa” de Klaus y Harris y la seguida por Platón, Kant o Hegel. De
allí  establece que la última es la propia del Materialismo Filosófico puesto que surge del
acuerdo o desacuerdo del enfrentamiento racional entre posturas diferentes y no del
enfrentamiento contra la razón. Con ello matiza que en ningún caso se pretende que el
Materialismo Filosófico se erija en teoría hegemónica, ya que, según su propio postulado,
necesita establecer un diálogo con otras posibles propuestas para poder avanzar en el
conocimiento.        

Llegados a este punto, Maestro se propone establecer los parámetros que identifican como
Ciencia a esta teoría literaria. Para ello revisa las tres concepciones gnoseológicas sobre la
ciencia: Como saber hacer (técnica), como sistema de proposiciones derivables de
principios (geometría) y como ciencia categorial estricta o positiva en sentido moderno
(termodinámica, mecánica). Sin embargo, la Teoría de la Literatura no puede incluirse en
ninguno de estos tres grupos aunque, para el Materialismo Filosófico, se cerque al último.
La Teoría de la Literatura se enmarcaría en un cuarto grupo, la Ciencia Categorial
Ampliada, compuesto por las denominadas ciencias positivas culturales, como la lingüística
o la Antropología. Su argumentación le permite demostrar que la Teoría Literaria es una
ciencia, aún cuando no lo sea en el sentido moderno de ciencia positiva. La define desde un
punto de vista epistemológico, como un saber necesario, objetivo y sistemático. En esta
dirección también expone los tres ejes o componentes presentes en su espacio gnoseológico:
sintáctico, semántico y pragmático. Con ello establece las relaciones que existen entre los
materiales de la literatura, su interpretación y el sujeto de la interpretación considerado
como sujeto operatorio. Este sujeto operatorio aparece como un elementos más del proceso
de interpretación,  
Homo faber y no Homo sapiens o sujeto cognoscente.  La neutralización
de este sujeto, siguiendo el modelo de las ciencias positivas, unido a toda la metodología
explicada en el resto de los postulados, viene a garantizar la categorización de la Teoría de
la Literatura del Materialismo Filosófico como una ciencia.

Por último, Maestro pasa a establecer el principio sobre el que se articula la teoría literaria
esbozada y que podemos considerar como el origen de la discrepancia con el
posmodernismo: la realidad  como “una pluralidad infinita en la que sus partes se
codeterminan, delimitan, etc, las unas frente a las otras”(92).  Esta noción es esencial para el
Materialismo Filosófico porque mantiene en todo momento la yuxtaposición entre la materia
y la forma. En relación con su aplicación al campo literario, evita que podamos caer en el
monismo o el formalismo, puesto que la ligazón racional y material entre las ideas impide
que se separen de la realidad, lo que garantiza, como señala en la introducción, “la creación
de conocimientos nuevos, inéditos, inexistentes, antes de la teoría que los genera y verifica”
(9).

Maestro ofrece una inquietante y contundente alternativa contra de todo el plantel de teorías
que se han establecido en los círculos académicos en los últimos años. Aún cuando  La
Academia contra Babel  requiere una lectura pausada y atenta, es un libro que ayuda a
replantearse el papel de la teoría en la Academia contrastando alternativas y ofreciendo una
nueva perspectiva que contribuye  a reconectar la Literatura en particular, y las
Humanidades en general, con el mundo real.
(Luis Guadaño,
Weber State University)
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