How to cite this review: Salas Carrillo, Gisela. "Gómez, Leila Iluminados y tránsfugas. Relatos de viajeros y ficciones nacionales en Argentina, Paraguay y Perú. Madrid: Iberoamericana-Vervuert, 2009". Dissidences. Hispanic Journal of Theory and Criticism. On line. Internet: 05/20/10 (http://www.dissidences/ 6ReviewGomezSalas.html)
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Gómez, Leila Iluminados y tránsfugas. Relatos de viajeros y ficciones nacionales en Argentina, Paraguay y Perú. Madrid: Iberoamericana-Vervuert, 2009.
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Aunque la reflexión sobre lo nacional es ajena a los libros de los viajeros decimonónicos y de
inicios del siglo XX que visitaron Sudamérica, se sabe que sus textos la informaron. En el
momento de emergencia de las repúblicas latinoamericanas, los intelectuales locales,
dedicados a la tarea de definir las peculiaridades de sus naciones, acudieron a esos libros en
tanto repertorios de imágenes y metáforas sobre su propio territorio nacional e hicieron
suyas — mediante un complejo sistema de selección y resemantización —las descripciones
de viajeros como Alexander von Humboldt, Francis Bond Head, Joseph Andrews, Charles
Darwin, Aimé Bonpland, los hermanos Robertson y muchos otros.
Los libros de los viajeros de finales del XVIII y del XIX que visitaron esta parte del
continente son textos modernos escritos bajo el influjo del desarrollo la historia natural y del
romanticismo. Pertenecen, además, a otro momento de la expansión imperialista en tierras
americanas liderado por países no hispanos — principalmente Inglaterra — y concentrado
en el recorrido al interior del continente. Debido a eso, sus libros son los primeros intentos
sistemáticos por estudiar espacios poco atendidos o inaccesibles dentro de las jóvenes
repúblicas sudamericanas o, incluso, regiones enteras que en el imaginario occidental
estaban asociadas a la fantasía y la utopía, como ocurría con el Paraguay. Esta nueva
manera de poseer se dio en el momento en que las potencias imperialistas estaban
dedicadas a la búsqueda de fuentes de materias primas y en desarrollar relaciones
comerciales con las ex colonias.
Además de su valor científico, estos libros también son piezas literarias donde la naturaleza
es tratada como objeto estético. Sus descripciones de la pampa, los llanos, la selva, las
montañas, los desiertos, la flora, la fauna y de los habitantes sudamericanos — capturadas
por la mirada estetizante de este nuevo tipo de viajero — se convirtieron en la materia
prima con la que los ideólogos de estas nuevas repúblicas imaginaron retóricamente sus
naciones. Asimismo, su manera de narrar la experiencia de este sujeto moderno en un
espacio ajeno y definido por su radical diferencia con Europa inspiró la forma de los
discursos nacionales, como en el Río de la Plata.
Iluminados y tránsfugas estudia la relación entre los libros de viajeros y los de autores
nacionales en América del Sur. Más precisamente, el trabajo de Leila Gómez se concentra
en la relación intertextual entre los libros escritos por viajeros que visitaron esta parte del
continente y los producidos por autores nacionales dentro de una línea de tiempo que va
desde mediados del siglo XIX hasta entrado el siglo XX (1818-1912). Se trata de un estudio
interesante porque, hurgando en las raíces de los discursos nacionales latinoamericanos,
Gómez se adentra en el terreno de un aspecto paradójico de aquellos, a saber, la apelación
textos escritos por viajeros europeos para construir un discurso descolonializado.
El corpus que analiza Gómez no incluye a las llamadas ficciones fundacionales. No son,
pues, las ficciones nacionales decimonónicas ni ese primer momento de la reflexión sobre lo
nacional su objeto de investigación, sino novelas y autores del siglo XX de Argentina,
Paraguay y Perú que la retoman. En efecto, aunque los temas y asuntos de estos libros
están enraizados en las reflexiones decimonónicas acerca de la nación y de la cultura
nacional, estos se desarrollan dentro del contexto de renovados debates contemporáneos a
su escritura en cada país. En la Argentina, la relectura de Hudson se lleva a cabo dentro
del contexto del escrutinio de su canon literario por los intelectuales de Sur; en el Paraguay,
Roa Bastos releyó a los viajeros que visitaron su país en un intento por construir una voz
nacional que ponderase la de los viajeros decimonónicos dentro del contexto de un proyecto
de ficción fundacional tardío respecto de los otros países de Latinoamérica; finalmente, en el
Perú, el movimiento indigenista se apoyó en el descubrimiento de Hiram Bingham para
defender una imagen más abarcadora del país donde la perdurabilidad de Machu Picchu
“fue interpretada románticamente como una esencia dormida pero eterna y con fuerza
insurgente” (38).
Este libro está dividido en tres partes que coinciden con los tres países que atiende. En
cada sección, Gómez analiza el diálogo entre la obra de uno o varios viajeros extranjeros y
los intelectuales de cada país en la conformación de sus ficciones nacionales (37). En el
caso de la Argentina, la autora estudia la conexión entre las obras de William Henry
Hudson que tratan de la pampa y el gaucho, y la relectura del canon nacional llevada a cabo
por Jorge Luis Borges y Ezequiel Martínez Estrada. En el de Paraguay, le interesa la
relación entre dos novelas de Augusto Roa Bastos — Yo, el supremo y El fiscal —y los textos
de Aimé Bonpland, Johann R. Rengger, John P. y William P. Robertson, y Richard Burton.
En la última sección, presta atención a los vínculos entre los textos de las expediciones
arqueológicas de la Universidad de Yale y The National Geographic Society —
especialmente lo escrito por Bingham sobre el descubrimiento de Machu Picchu — y el
indigenismo en la narrativa, arqueología y fotografía de Luis Valcárcel, Uriel García,
Abraham Guillén y Martín Chambi en el Perú.
Además de los paralelismos de sus lecturas de viajeros, estos escritores latinoamericanos
comparten otro rasgo en común, a saber, son figuras que, como los viajeros que los inspiran,
asumen una función mediadora entre estos países y el mundo. Se ven a sí mismos como
traductores, pero, en un movimiento inverso al de sus homólogos decimonónicos, la
dirección de la información va desde Latinoamérica hacia el resto del mundo y no al revés.
Es decir, no se presentan como “misioneros de la civilización” — cuyo afán, en el XIX,
estaba concentrado en transformar sus entornos para sintonizarlos con los países europeos o
con Estados Unidos —, sino como embajadores de sus países que buscan insertarlos en la
modernidad global.
Pero ese no es el punto de llegada del trabajo de Gómez. Por el contrario, es la entrada que
le permite analizar las especificidades de las reflexiones de estos intelectuales y su relación
con los libros de viajes. Por eso, una vez establecida la distancia con las lecturas
decimonónicas, el estudio cuidadoso de Gómez desmenuza las diferencias entre estos
lectores de país a país. Así, mientras Borges y la gente de Sur veían en la figura de Hudson
— y en la de su narrador en primera persona de Far Away and Long Ago y su alter ego
Richard Lamb en The Purple Land — la cifra de su propia condición bicultural, Roa Bastos
se distancia de los viajeros que visitaron el Paraguay y de sus textos y asume el papel de
“comentador experto” y desde ese lugar pondera esa representación de su país y escribe la
suya a manera de una ficción fundacional tardía (148). En el Perú, los indigenistas apelaron
al descubrimiento de Bingham para, por un lado, argumentar la sofisticación del pasado
inca y su lugar dentro del patrimonio cultural del país, y, por otro, sustentar la esencialidad
de la nación (206) recuperando ese bagaje como vivencia y no pieza de museo.
Por eso, el estudio de Gómez sobre la intertextualidad entre los libros de viajeros y las obras
de estos autores latinoamericanos pasa por dos etapas. En la primera, la autora analiza por
separado la manera como cada uno de los textos de estos viajeros representa el espacio
latinoamericano y las comunidades que lo habitan. Para ello, Gómez hace un análisis de su
retórica y la forma como estos viajeros de la era ilustrada definen su relación con las ex
colonias. Primero, los identifica como narraciones de la “anti-conquista” — usando la
terminología de Mary Louise Pratt en Imperial Eyes—, es decir, como textos en donde la
relación imperio/colonia se establece a partir de la construcción de una autoridad idealizada
e inocente de Europa sostenida, por un lado, en el conocimiento de la historia natural, y, por
otro, en el auspicio de una pujante economía europea. Son, pues, tratados cuyo objetivo era
principalmente la exploración y la documentación de todos los aspectos del territorio, lo que
explica su asimilación en las narrativas fundantes de la nación. Una vez establecido eso,
Gómez pasa a ocuparse de la lectura de esa narrativa de viajes por parte de sus autores
latinoamericanos seleccionados.
A comienzos del siglo XX, en plena celebración del Centenario de la independencia en la
Argentina, los intelectuales rioplatenses asociados a Sur descubrieron en William Henry
Hudson, a pesar de su dualidad oximorónica de gaucho y viajero, el nuevo prototipo de la
Argentina moderna. De hecho, según explica Gómez, Borges y los intelectuales de Sur
creían que esa doble condición era una combinación armoniosa que definía lo que
consideraban “la ‘esencia’ de la identidad nacional [porque] en ella quedaban resueltos sus
antagonismos: lo telúrico y lo extranjero, la pampa y el inmigrante, la barbarie y la
civilización, el pasado nostálgico y la modernidad” (78). Para ellos, la figura de Hudson
podía, pues, disputar legítimamente el lugar que Leopoldo Lugones les había asignado a
José Hernández y su Martín Fierro dentro del canon literario nacional. De hecho, esa
recuperación de Hudson para el canon buscaba saldar un aspecto problemático en la
definición de la nación argentina, a saber, el asunto de la inmigración y la cuestión de la
homogeneidad lingüística (73), porque con ella se recobraba el aporte de una inmigración
temprana y culta—preeminentemente inglesa y deseada por los padres intelectuales de la
patria — que durante finales del siglo XIX había sido casi fagocitada en el día a día
bonaerense por las hordas de inmigrantes pauperizados que habían tugurizado la ciudad y,
para muchos, la cultura.
En el Paraguay, Augusto Roa Bastos escribe tardíamente — respecto del resto de países
latinoamericanos — la “novela fundacional” de su país (147-148). Por eso, para Gómez, Yo
el supremo es lo que Facundo es a la Argentina y Doña Bárbara a Venezuela. En su
condición de “fundante”, el tema de esa gran novela de Roa Bastos está comprometido con
la reflexión acerca de lo nacional. Más precisamente, está concentrado en el asunto de su
representación, dramatizado en la figura del compilador. El corpus de los libros de viajeros
que visitaron el Paraguay — Azara, Bonpland, Rengger, Longchamp, los hermanos
Robertson, Burton — le sirvió a Roa Bastos para cotejar las versiones de la historia de un
periodo crucial de la república paraguaya, a saber, la dictadura del doctor José Gaspar
Rodríguez de Francia. A diferencia de los intelectuales argentinos y su relación con
Hudson, Roa Bastos tomó distancia de los viajeros.
Finalmente, en el caso peruano, los indigenistas se valen de las investigaciones promovidas
por la Universidad de Yale y The National Geographic Magazine en los Andes para
justificar una identidad nacional inclusiva. El descubrimiento arqueológico de Bingham
sirvió para “elaborar un discurso local sobre las ruinas y Machu Picchu, tratando de unir el
pasado y el presente con la necesidad consciente de asociar el indio contemporáneo con un
pasado prestigioso y espectacular” (205). Sin embargo, es importante notar que la manera
en que Bingham y los indigenistas se acercan a las ruinas es opuesta. Mientras que para el
arqueólogo americano ellas son piezas de museo, para los indigenistas peruanos son
monumentos que representan la perdurabilidad de un aspecto de la cultura nacional. Este
acontecimiento, además, impulsó el desarrollo de la arqueología peruana, la disciplina
cuyos aportes se convirtieron en los soportes de la “invención de una tradición y una
memoria histórica común” (207).
(Gisela Salas Carrillo, University of Colorado at Boulder)
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