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Miguel Rivera Taupier
is a Ph. D. candidate
at the University of
Virginia. His dissertation
is focused on Borges and
Bioy Casares’s detective
short stories.

How to cite this review:
Rivera, Miguel.
"Perla Sassón-Henry.
Borges 2.0. From Text to
Virtual Worlds
.
New York: Peter Lang,
2007".  
Dissidences.
Hispanic Journal
of Theory and Criticism
.
On line. Internet:
15/12/08
(http://www.dissidences/
4ReviewRiveraSasson.html)
"Se tiene
la impresión de
que este libro se
habría beneficiado
de una lectura que,
junto al Borges
subversivo,
reconociera también
al Borges lector
de la tradición.
Esto, porque es
precisamente por
medio de juegos de
citas, de alusiones,
de lecturas de
un orden canónico
establecido, que
Borges crea una
literatura que
desestabiliza y
manipula nuestra
concepción de las
letras."
Perla Sassón-Henry
Borges 2.0
From Text to Virtual Worlds
New York: Peter Lang, 2007
D
n
Los estudios que ven a Borges como un precursor de la red de redes constituyen un campo
creciente dentro de los estudios borgianos. Según el
New York Times, para este año está
prevista la aparición del libro
Cy-Borges --una colección de ensayos sobre este tema-- y una
nueva edición de la antología de Borges
Labyrinths llevará un prólogo de William Gibson, el
escritor de ciencia ficción que acuñó el término
ciberespacio.  

Borges 2.0 se inscribe en este nuevo acercamiento a la literatura de Borges. Su tema
principal son los contactos entre los cuentos “El jardín de senderos que se bifurcan” y “La
biblioteca de Babel” y la narrativa hipertextual e Internet. Asimismo, examina “The
Interloper”, una obra en que la artista Natalie Bookchin convierte el cuento “La intrusa” en
un videojuego.

El libro de Sassón-Henry empieza estudiando la relación entre Borges y el hipertexto, en
particular la narrativa hipertextual, es decir, las narraciones que hacen al lector elegir entre
distintas opciones al leer un texto. Al optar por diferentes posibilidades, los lectores van
leyendo en verdad distintos textos. Sassón-Henry sostiene que de este modo se supera la
lectura lineal, en favor de una lectura no secuencial y variable. La autora afirma que el rol
activo que el hipertexto confiere al lector está prefigurado por una poética borgiana según la
cual el papel del lector es el más importante en las letras: una literatura se diferencia de otra
no tanto por sus textos, como por su manera de leer esos mismos textos.

El segundo capítulo, tras recordar que Jay David Bolter ha notado que “Examen de la obra
de Herbert Quain” parece anunciar el hipertexto, establece lo mismo para el cuento “El
jardín de senderos que se bifurcan”, ya que las bifurcaciones del título funcionan como los
enlaces de un hipertexto. En esta medida, el cuento de Borges supera las limitaciones
propias de un texto impreso --la falta de enlaces-- al no dar una respuesta única al enigma,
“on the contrary, he challenges print through language provoking the reader to solve that
what has been laid out in front of him” (31). Así como la hiperficción muchas veces le
permite al lector determinar cuál será el final del texto, Borges insinúa en “El jardín de
senderos que se bifurcan” que el lector puede crear una nueva trama en este relato.

En el siguiente capítulo se presenta el concepto de rizoma en Deleuze y Guattari y la
clasificación de laberintos de Umberto Eco para ver su conexión con el hipertexto y la obra
de Borges. Dichos intelectuales le interesan a la autora porque, señala, han logrado
desarrollar “theories that allow the reader to interpret literature as a challenge, as a space
that needs to be traversed and recreated in order to be understood” (39). Sus particulares
metafísicas permitirían al lector una mejor comprensión del papel que juegan las nuevas
tecnologías de la información.

Sassón-Henry señala analogías entre los cuentos de Borges y los conceptos de cartografía y
nomadismo desarrollados por Deleuze y Guattari. Tanto en los cuentos de Borges como en
el hipertexto hay elementos que corresponden a los conceptos de
nomadismo y mapa (una
herramienta siempre en construcción, con innumerables entradas, abierta como un rizoma;
relación metonímica entre libro y mundo representado) y elementos que corresponden al de
calque (una representación de la realidad objetiva; relación metafórica entre libro y mundo).
El género policial (en el caso de Borges) y los comandos del programa en que está escrito el
hipertexto se relacionan con el
calque, y los múltiples ingresos posibles al hipertexto y
las ideas metafísicas de Borges se relacionan con los conceptos de mapa y nomadismo.

De los tres tipos de laberinto que define Eco, el relevante es el de la red. Los dos primeros
corresponden al laberinto linear clásico, donde no es posible perderse pues no hay ningún
camino que se bifurque, y el laberinto que sí tiene encrucijadas y senderos que no llevan a
ninguna parte. La red, en cambio, es un laberinto donde cada punto se relaciona con todos
los demás, de hecho o en potencia. Su estructura está siempre por hacerse. Este laberinto
(que tanto nos recuerda al desierto de “Los dos reyes y los dos laberintos”) tiene su
contraparte literaria en “El jardín de senderos que se bifurcan”, donde es el lector quien
debe establecer la estructura y donde se entiende el universo como el devenir de mundos
alternativos que se cruzan y se separan.

En el cuarto capítulo se estudia la relación entre Internet, con su riqueza de información, y
“La biblioteca de Babel”, cuento del que se afirma que, “representing the limitations of
printing, may be read today as a warning about the limitations of hypermedia systems” (53).
La autora continúa con una exposición de la teoría del caos, en busca de establecer un
puente entre los cuentos de Borges y la ciencia, y también da cuenta de dos videojuegos
relacionados con la obra de este:
Riven, que se basa en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, y el
ya mencionado de Natalie Bookchin.

Es discutible la relevancia de las teorías de Eco, Guattari y Deleuze, Foucault y otros
respecto a los temas de este trabajo; hubiéramos deseado que la autora desarrollara más
cómo es que el concepto de rizoma o la teoría del caos, entre otras construcciones
posiblemente atingentes, tienen algo en particular que decirnos sobre los cuentos de Borges
que este libro estudia. Del mismo modo, nos preguntamos si la idea de que en “El jardín de
senderos que se bifurcan” Borges le deja al lector la tarea de establecer un “order out of
what might look like an incomprehensible thread of ideas” (19) es aplicable a “El jardín del
senderos que se bifurcan”, el cuento de Borges, o a
El jardín de senderos que se bifurcan, la
ficticia novela de Ts’ui Pên.

Igualmente, es cierto que la importancia que da Borges al papel del lector encuentra un
correlato en el aspecto interactivo de la narración hipertextual, pero cabe preguntarse si no
es algo que Borges comparte con toda la literatura modernista (en el sentido inglés de la
palabra), que plantea un cierto grado de indeterminación en el que el lector debe trabajar.
Se tiene la impresión de que este libro se habría beneficiado de una lectura que, junto al
Borges subversivo, reconociera también al Borges lector de la tradición. Esto, porque es
precisamente por medio de juegos de citas, de alusiones, de lecturas de un orden canónico
establecido, que Borges crea una literatura que desestabiliza y manipula nuestra
concepción de las letras.

El estudio de los cuentos de Borges en relación con las nuevas tecnologías es una muestra
más de la actualidad de su obra y del interés que sigue despertando, incluso más allá de
círculos académicos, como lo muestra la existencia de los mencionados videojuegos.
Quienes tienen interés en este aspecto de los estudios borgianos encontrarán en
Borges 2.0,
más allá de lo anotado antes, una riqueza de información que sin duda sabrán apreciar.
(Miguel Rivera Taupier,
University of Virginia)
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